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jueves, 4 de agosto de 2016

Valentía, justicia y bondad...

Si partimos del origen de la palabra valor nos encontramos en latín con valere, que como os podéis imaginar significaba "ser fuerte", del mismo modo que parece ser que significó su raíz del indoeuropeo wal-...

Entre sus derivadas me parece curioso destacar algunas como valiente, evaluar, evaluación...y el propio nombre de Valentín...Todas éstas palabras conservan su raíz y algunas comparten buena parte de su significado original.

A menudo usamos -aunque cada vez menos- el adjetivo valiente. Pero otra cosa bien distinta es que todos lo usemos queriendo decir lo mismo, o incluso sabiendo lo que decimos...

Por norma general -aunque much@s no lo sepan- el valiente siente miedo. Y resolviendo ya desde el principio, esa sería la gran diferencia frente al inconsciente, o vulgarmente dicho "el loco".

Por tanto, podemos decir del valiente, que es aquel que sabiendo y temiendo las consecuencias que le traerán sus actos, se ofrece voluntariamente a dar el paso necesario.

En cambio el inconsciente, no se suele molestar en calcular las consecuencias, y se avalanza, a menudo porque les suele agradar que les "tachen" de inconscientes.

Creo que todos o la inmensa mayoría hemos experimentado ésta valentía en ocasiones, pero también ésta inconsciencia, y el sentimiento de orgullo de ser considerados unos inconscientes o "locos" -sobre todo en nuestra juventud-.

La valentía se ha asociado casi siempre con actos que implicaban una acción física. A través de las leyendas en la antigüedad o del cine en la actualidad, casi siempre el perfil del@ valiente ha ido acompañado de una aventura en la cual estaba presente el peligro físico, e incluso el riesgo de perder la vida.
Pero lo cierto es que la valentía, en una sociedad civilizada, tiene más cabida que sea asociada con actos en los que el riesgo sea, por ejemplo:

- Sufrir de rechazo social: por ejemplo cuando en una comunidad defendemos con argumentos a alguien que consideramos que está siendo tratado injustamente...

- Perder un trabajo: por ejemplo por encubrir a un compañer@ o saltarse las normas en beneficio de alguien.

-Dejar a seres queridos: por ejemplo un misioner@ o alguien que lo deja todo por una causa para ayudar en otro sitio a los demás.

Siempre y cuando se supieran y temieran las consecuencias de las acciones, y aún así voluntariamente nos entregásemos a los actos, podríamos considerarnos valientes.

Paradójicamente, el valiente suele arriesgar cosas que valora, y ambas palabras como hemos visto comparten raíz val-. Aquí ya dependería de lo que cada cual valore más o menos, y si lo que arriesga lo valora mucho y teme perderlo, estaría siendo muy valiente.


VALENTIA-BONDAD-JUSTICIA

En principio, creo que podríamos decir que ser bueno, o ser justo, no implican que haya que ser valiente. Sin embargo, la valentía si que requiere de una motivación por la justicia y por la bondad, de lo contrario no se motivaría la valentía.
Si confundimos la valentía con la inconsciencia ya no se puede dar éste fenómeno, porque el acto inconsciente no implica que esté habiendo un sentimiento de bondad o justicia.
No puedo hablar de bondad y justicia sin entrar a manifestar mi interpretación de las mismas, puesto que como tantos otros términos antológicos, no se deben mencionar como si nuestra interpretación fuese la única y verdadera.



BONDAD


Resulta muy complicado hablar de bondad por tratarse de uno de los términos más antológicos que existen, y usar la palabra bondad es entrar directos en moral y ética.
El concepto de bondad que tenemos en nuestra cultura viene precedido en su mayoría por la religión cristiana, o más bien por la contenida en la Biblia.

La bondad viene del "bien y el mal": dos términos que encontramos desde los primeros capítulos del génesis, por ejemplo con la aparición de Lucifer ofreciendo la tentación a Eva...
La Biblia, o más bien la religión es dogmática. Y el cumplimiento de sus normas significa el bien. Así como incumplirlas te conduce al mal.

Para ello las religiones han sabido camuflar éste dogmatismo adornándolo con enseñanzas filosóficas, que desde luego podemos decir que han resultado a menudo enriquecedoras.
Han desarrollado un sistema de valores basados en la moral y la ética, a través de términos, algunos universales como la solidaridad, la paz, o la tolerancia, y otros un poco más polémicos en la actualidad como el esfuerzo, la sinceridad, la humildad o la represión de algunos deseos primitivos etc.

Es importante entender pues que el bien es mucho más que un conjunto de normas religiosas. Cuando decimos que algo es bueno, podemos estar diciendo muchas cosas porque es un término demasiado general. Por eso conviene matizar siempre y apuntar a qué nos estamos refiriendo.


Es lógico pensar, que lo bueno -entendiendo lo bien intencionado- rebasa lo justo, pero siguiendo ésta línea, lo bueno puede conducirnos a causar daño. Por ejemplo, si una persona suministra drogas a un toxicómano creyendo que es lo que necesita, se puede decir que es una buena persona o bien intencionada, pero flaco favor le está haciendo al enfermo...

Lo justo es bueno para todos, mientras lo bueno -lo bien intencionado- como hemos visto, incluso puede llegar a convertirse en algo malo, porque genera malos resultados.

Por tanto, como hemos visto, para ser bueno con los demás, no bastaría con ser bien intencionado. Hay que saber ser bueno. Porque el que sabe ser bueno, obtiene mejores resultados que el que únicamente tiene buenas intenciones.

Existe cierta tendencia popular a tener como "buenas personas o bien intencionad@s" a quienes manifiestan abiertamente su comodidad siendo ignorantes. En televisión es un ejemplo el personaje de Belén Esteban, quién aparenta sentirse cómoda siendo ignorante y explota eso que ella -y muchos que la siguen- considera una virtud, precisamente porque asocia -y asocian- esa ignorancia con el hecho de tener buenas intenciones.
A menudo cuando lanza su ira contra otra persona, muchos la defienden porque dicen que "en el fondo tiene buen corazón..."






El simple hecho de decir que alguien tiene buen corazón, ya es un síntoma de ignorancia por parte de quién te está vendiendo a esa persona. Porque el corazón es un órgano que se dedica a bombear sangre al resto del cuerpo. Y si no se sabe expresar con argumentos el por qué de esa defensa, sería mejor contratar a un abogado, o documentarse algo más.
Tanto el uno -quién defiende al ignorante- como el otro -el propio ignorante- serán susceptibles en el futuro de decepcionarte, de sacar su rabia contra ti, y de tener comportamientos hirientes que no comprenderás.



Sólo una cosa te puede salvar ante los ignorantes, y es manifestar desde el principio dureza y seguridad, por que es el sistema que ellos usan para la supervivencia social. Este fenómeno es propio de comunidades pequeñas de personas donde manifestar dureza e ignorancia a la vez, es un recurso seguro para la supervivencia social.

A mi entender ésta creencia popular pues, es un mito que no refleja la bondad completa -como he explicado antes-, ya que para darse éste tipo de bondad habríamos de esforzarnos por ser capaces de conseguir ayudar, y a poder ser con los menos daños colaterales posibles.
La pereza mental y la comodidad, a menudo nos lo van a impedir.

Bien, pues como veis no he entrado en la filosofía de lo bueno y del bien, porque el asunto que hoy nos ocupa es más bien relacionar lo bien intencionado con la valentía.





JUSTICIA

Trataremos la justicia desde un punto de vista que podamos asociar con la valentía, aunque inevitablemente tenemos que recurrir a los orígenes del concepto. Y muy importante también me parece apuntar sobre los antecedentes de lo que hoy entendemos como justicia social.
En La República de Platón, aparece la justicia consolidada como idea definida como "Ayudar a los amigos y dañar a los enemigos".
En La República Sócrates plantea Kallipolis, una ciudad concebida para estudiar los orígenes de la justicia y la injusticia. Y determina que la justicia se alcanza cuando se consigue el equilibrio entre apetito, pasión y razón...
Respecto a la educación necesaria en ésta utópica ciudad, la idea de Estado debe basarse en cuatro virtudes: prudencia, fortaleza, templanza y justicia.

De ésta forma, Platón asocia la justicia con armonía social.

Después Aristóteles analizó la justicia en Ética Nicomaquéa, y es allí donde nace el término "justicia distributiva" del que procede el actual justicia social.
La justicia distributiva en Aristóteles consiste en dar a cada uno lo que corresponde, en proporción a su contribución a la sociedad, sus méritos personales, y sus necesidades, refiriéndose a honores, salud, y bienes materiales. De esta forma, si se hace la distribución de las riquezas comunes, se hará según la razón que guarden entre sí las aportaciones particulares. Lo injusto consiste en estar fuera de dicha proporción. Junto a esta justicia distributiva, menciona la justicia conmutativa o correctiva, que restaura la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada por un contrato.

Mucho hemos sabido de Aristóteles por Santo Tomás de Aquino, otro de los pilares fundamentales que analizó la justicia desde una perspectiva aristotélica, distinguiendo la justicia distributiva y la conmutativa.

"La justicia es distinta de cada una de las otras virtudes porque dirige todas las virtudes del bien común"

Las corrientes de los siglos posteriores que propiciaron y determinaron el término "justicia social", fueron por un lado los utilitaristas - Hume, Smith, Bentham, o Stuart Mill...-.

El utilitarismo defiende como principio de justicia la maximización de la utilidad del colectivo: así como el bienestar de una persona resulta de la suma de sus placeres, también el bienestar de cualquier grupo de personas puede ser entendido como la suma de los placeres de sus integrantes

"la mejor acción es aquella que procura la mayor felicidad al mayor número y la peor acción la que, del mismo modo, otorga miseria" (Hutcheson, 1725: 8)


La otra gran corriente filosófica de los siglos XVII a XIX que deja una gran influencia en la concepción actual de Justicia Social es el Contractualismo, la teoría del Contrato Social. Thomas Hobbes, John Locke , Jean-Jacques Rousseau  e Immanuel Kant son algunos de sus representantes clave. En esencia, la teoría defiende que los seres humanos acuerdan un contrato social implícito para vivir en sociedad, lo que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la que dispondrían en el "estado de Naturaleza". En este estado, o situación inicial, los hombres son libres, iguales e independientes, pero no habría trabajo, ni agricultura, ni cultura, ni transporte, la vida de los hombres sería solitaria y peligrosa, dado que existiría el riesgo permanente de ser asaltado o morir asesinado. La opción es establecer un contrato que funde un orden social o civil que atienda exclusivamente a suplir esas carencias del estado de naturaleza, es decir, aplicar una justicia o una autoridad que diga, en caso de choque entre dos individuos, qué se debe hacer.

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se utiliza por primera vez el término de Justicia Social, en boca de Luigi Taparelli d'Azeglio, sacerdote jesuita italiano. En su obra Saggio teoretico di dritto naturale, appoggiato sul fatto (Ensayo teórico sobre el derecho natural apoyado en los hechos), publicado en 1843, en Livorno, Italia, señala lo siguiente: "...la justicia social debe igualar de hecho a todos los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad,..." (Taparelli, 1949). Términos e ideas que fueron retomados apenas unos años después por Antonio Rosmini-Serbati en La Costitutione Civile Secondo la Giustizia Sociale (1948). Taparelli fundó sus ideas en una renovación del pensamiento tomista y consideró que la justicia social era diferente tanto de las nociones de justicia conmutativa como de la justicia distributiva, propia, como hemos visto, del pensamiento aristotélico-tomista.


En culturas como la gitana, por ejemplo, hay un dicho relacionado con la justicia: "ojo por ojo y diente por diente". Y ésta forma de entender la justicia está bastante extendida entre la población independientemente de que no sean de etnia gitana. Con la pega de que calibrar lo que vale un diente y lo que vale un ojo, nos llevará en muchas ocasiones a aplicar un confundido "ojo por diente o diente por ojo".


En la actualidad también relacionamos la justicia con las leyes. Y las instituciones que se encargan de su formulación, su cumplimiento y las sanciones derivadas de su incumplimiento también son denominadas con la palabra justicia y sus derivados.
Y otra paradoja, a mi entender, es que las leyes llevan implícita la injusticia desde su formulación, que es que deben ser iguales para todos, y todos no somos iguales, ni estamos en la misma situación. Por ejemplo una multa de tráfico de 100 euros, no es lo mismo para alguien que tiene en su cuenta bancaria un millón de euros, que para quien tiene doscientos.

Además siempre hay en mayor o menor medida, algunos casos excepcionales respecto a cada ley, que sufren el castigo injusto de la misma. Por ejemplo, un enjuague bucal, puede hacer que en un control de alcoholemia des positivo pasando por infractor, o un testimonio falso o erróneo pueden ponerte directamente en la cárcel -como dato un 2% se calcula de los presos que están en el corredor de la muerte en EE.UU-.

Por supuesto que no estoy a favor de un mundo sin leyes, pero quizás si que sería mejor no utilizar la palabra justicia y sus derivados para referirse a los asuntos legislativos. Así la gente no confundiría tanto los términos.

No podemos pasar por alto un término muy usado hoy en día que es el de "justicia social".

No voy a entrar mucho más en la justicia, porque a mi entender es un tema muy digno de abordar más ampliamente, puesto que es el valor supremo que rige a toda la humanidad. Que creo que incluso ha sido la que ha marcado el rumbo de la historia de nuestra especie. Y que hacia dónde terminemos evolucionando como especie dependerá mucho de cómo interpretemos la justicia.




Reflexión final del post...

A mi entender, tanto la valentía como la bondad, como la justicia, son interpretaciones del pensamiento humano respecto a lo que experimenta en sus propias sensaciones y en lo que percibe en las de los demás. Con lo cual quiero decir que muchas de las interpretaciones filosóficas que podamos hacer al respecto serán meros inventos que habremos atribuido gratuitamente a éstos términos.


Son términos extremadamente confusos, y que difícilmente podemos llegar a precisar porque están relacionados con muchos otros términos, y que tendrán mayor o menor validez en función de como se relacionen entre ellos. Por eso se dice que todo depende "del prisma, del punto de vista...". A mi juicio, no porque existan puntos de vista independientes, sino porque dependen de como se relacionan, de como se combinan con el resto de experiencias humanas.

Desde un punto de vista neurocientífico se puede llegar a obtener resultados más precisos, aunque no menos polémicos si los queremos usar para relacionarlos con el resto de las ideas, porque no sería más que entrar en la misma dinámica. Por ejemplo se pueden llegar a medir las reacciones que se producen ante un estado de alerta causada por encontrarse en una situación de peligro -muy común en pruebas militares-, o también se puede llegar a comprobar las reacciones que se producen cuando se experimenta la "impotencia" ante una injusticia -entendiendo que pueda o no serlo a ojos de los demás-. Incluso sobre la solidaridad o la tolerancia se podrían medir las reacciones que se producen en las distintas regiones del cerebro, pero eso no determinaría que fueran exclusivas de éstos sentimientos, porque podrían servir para otros también. Un claro ejemplo, es que el miedo serviría de ingrediente para experimentar muchas emociones.



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