A veces, cuando nos pica la curiosidad por visitar un blog, tenemos la tendencia a leer únicamente las entradas más recientes, como si el resto hubieran perdido el valor con el tiempo.
Probablemente obtendréis un resultado más satisfactorio de vuestra visita, si accedéis por los temas que os susciten más interés.
No tengáis reparos en comentar o discrepar, porque no pretendo poseer la verdad. De hecho son pocas las verdades o realidades que creo deban consolidarse en nuestra estructura de comprensión del mundo. Así que os animo a debatir, y a que os extendáis sin pereza en el argumento.

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viernes, 28 de febrero de 2014

Materia, seres humanos y animales.

Os propongo un ejercicio, que muchos de vosotros probablemente ya habréis practicado. Imaginad que sois el creador, el responsable del diseño del universo. Tratad de colocar vuestro pensamiento en una posición desde la que podáis pensar al ser humano como parte del resto de la materia. Sin más sentimiento que el que nos proporciona la satisfacción de alimentar la curiosidad por saber lo que nos hace ser como somos, y como nos comportamos. 
Vamos a imaginar que todo lo que hay en el universo está codificado. Y todo lo que somos fisiológicamente, lo que pensamos, lo que sentimos y la realidad que percibimos, está minuciosamente conectada física y temporalmente.

Todo lo que hay en el universo es energía que se transforma en el tiempo. La materia se construye y se destruye como nosotros mismos. Se crea como se creó todo el universo desde el big bang, desde un puñado de partículas, que contenían la información para desarrollarse formando los elementos de la tabla periódica, y toda la materia que ha ido creciendo hasta convertirse en el enorme universo que conocemos. 
Lo que somos nosotros: átomos de elementos químicos combinados de tal forma que interactuamos continuamente con nuestro entorno. Reaccionamos a los estímulos con los que nos vamos encontrando, y a eso lo llamamos vivencias, las cuales, junto con nuestra genética, son las principales responsables de lo que se espera de cómo vayamos a reaccionar en cada momento. Pero también por muchos otros factores. Tantos, que la ciencia siempre se guarda un porcentaje que nos recuerda que somos impredecibles...o que la ciencia no está muy avanzada todavía...
En principio, somos un "puñado" de materia que se transforma con el tiempo, y lo que hacemos a cada segundo, las personas con las que interactuamos -familia, amigos, compañeros etc.-, incluso con los fenómenos, las cosas y las personas con las que coincidimos casualmente, todo va determinando nuestro futuro. Se va entretejiendo a medida que vamos viviendo. 

Por tanto estamos conectados con nuestro entorno, y estamos conectados con nuestro pasado. No me gusta usar el término "presente", porque cuando terminas de decirlo ya es pasado. Del mismo modo ocurre con el pasado y el futuro, y solemos establecer el nacimiento y la muerte como límites, aunque nuestro pasado y futuro se extienden mucho más, porque nuestra genética ya estaba presente en nuestros padres, y estará en nuestros hijos, además nuestros átomos se desprenden de nosotros durante toda la vida para conformar otras cosas, y así seguirá... Pero para quienes queráis seguir usando los términos pasado y futuro, os "permitiría" decir, a modo orientativo, que nuestro pasado empieza cuando nacemos, y no tiene fin hasta que morimos, porque siempre que queremos darnos cuenta, ya es pasado. Y del mismo modo -sólo orientativo- podréis decir que el futuro termina cuando morimos, pero que no tiene principio. Si pretendemos decir que el futuro es el tiempo que empieza por delante, cuando terminemos de pensarlo ya será pasado.







El presente para mí no tiene cabida en el tiempo.Sólo podríamos decir al respecto del presente -de forma poco bella por cierto-, que estamos continuamente "gerundios", o mejor simplemente viviendo.








Lo que popularmente llamamos "punto de vista" o "perspectiva", no dejaría de ser unas coordenadas desde las que interpretamos la realidad. Y lo que nos situaría en esas coordenadas, serían las premisas desde las que partiésemos, causadas por muchos factores: nuestras vivencias, nuestras costumbres, nuestra educación, nuestro entorno, nuestra cultura, incluso nuestra genética etc.
Pero mientras nos abstraemos para pensar en un tema en concreto, prescindiendo en la medida de lo posible de los factores que nos condicionan, al modo que para los místicos lo haría "Dios", "el arquitecto", o "la madre naturaleza", es más difícil situarnos en coordenadas, que revelen que nuestra postura viene determinada por unas u otras premisas.



Resulta relativamente fácil, sobre todo para los entendidos en psicólogía, situar en unas coordenadas determinadas, a quien a menudo le gusta opinar sobre todo sin pensar demasiado en lo que dice. Somos máquinas de manifestar opiniones "a diestro y siniestro", en casa, en el trabajo, con los amigos etc. Y sobre cualquier tema: gestión y administración de una país -comunidad, ciudad o pueblo-, educación, felicidad, economía, deporte, medios de comunicación, arte etc. Hay quien dice que opinar es una manera de sociabilizarse...ahí lo dejo para quien quiera opinar...

Lo que es cierto es que opinar nos mantiene entretenidos y ocupados -como a mí ahora mismo-.
Como ya he dicho otras veces, las personas solemos movernos en el día a día con el "piloto automático", dejándonos llevar absolutamente por los impulsos, muy a menudo, y unos más que otros claro. Funcionar con el piloto automático es actuar, decidir, hacer operaciones mentales y estrategias, emocionarse, sentir, y todo ésto sin cuestionarse lo que se está haciendo, y lo contrario podría ser reflexionar.

El trabajo y el ocio sobre todo, suelen mantenernos con la mente ocupada funcionando con el modo piloto automático: 
-Cuando estamos trabajando, por norma general estamos concentrados en hacerlo bien -o no...-. Aunque hay trabajos que requieren de la reflexión, pero no es generalizable.
-Cuando vamos a por el pan, estamos concentrados en cogerlo y marchar a comer. En el mejor de los casos bromeamos o debatimos con el panadero, pero siempre en "modo automático". 
-Cuando vamos a por el periódico, por norma general sucede lo mismo que con el pan, con la excepción de que al leerlo después, hay ciertas noticias que nos motivan a reflexionar.
-Cuando hacemos deporte estamos concentrados en disfrutar mientras lo hacemos, por no mencionar a quienes mientras lo hacen están pensando en ganar, en no perder, o en que termine pronto por el cansancio... 
-Cuando salimos con amigos, a menudo estamos concentrados en usar estrategias de sociabilización, para aparentar, para evitar el rechazo etc. Y es muy común en las reuniones entre amigos, que estén presentes las estrategias en casi todas las conversaciones -aunque no nos demos cuenta-. Otras veces estamos simplemente concentrados en pasarlo bien, que es como mejor se pasa -dicho sea de paso-.
-Aún cuando estamos en casa, si convivimos con otras personas, mientras están, siempre tenemos en cuenta su presencia, y nos concentramos en manifestar todo tipo de sensaciones, que además, cuando tenemos una rutina de convivencia con la persona -sean padres, hermanos, pareja, o compañeros- los sentimientos fluyen de manera automática, de forma que cada vez que están presentes esos con los que convivimos, nos predisponemos a sentir lo que habitualmente estamos acostumbrados.Aún cuando vivimos en soledad, es difícil no estar concentrados en la rutina del aseo diario, del desayuno, o del rato que pasamos leyendo una novela, o delante del televisor etc.

A mi entender, cada vez que funcionamos con el piloto automático, nos movemos exclusivamente como se mueven los animales, aunque nuestro comportamiento sea más complejo, y sólo cuando nos cuestionamos las cosas, nos parecemos a aquello que un día nos separó de ellos. Porque tuvo que haber un acto momentáneo que detuvo esa forma de vivir con el instinto, con el piloto automático. Un momento que se usó para algo distinto a lo rutinario: se uso simplemente para cuestionar. Si eso fué lo que nos separó de los animales, habrá de seguir siendo el acto puro que aumente nuestra distancia entre ellos. 




Somos emocionalmente más sofisticados que ellos, hacemos operaciones mentales más complejas, y nuestro lenguaje también es más complejo. Pero cuestionarse las cosas es lo único esencial al ser humano, y parece ser la llave que abre las puertas a distanciarnos cada vez más de ellos, y a acercarnos a no sabemos qué, pero que quien sabe si estará relacionado con esa casualidad que hizo posible el distanciamiento.

2 comentarios:

  1. Tu entrada me ha hecho reflexionar, en concreto los últimos párrafos. ¡Muy interesante!

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  2. Hola Jo Anne, me alegro de verte de nuevo por aquí, y de que la publicación te haya hecho abandonar el "piloto automático" por unos momentos:)
    ¡Un abrazo!

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