A veces, cuando nos pica la curiosidad por visitar un blog, tenemos la tendencia a leer únicamente las entradas más recientes, como si el resto hubieran perdido el valor con el tiempo.
Probablemente obtendréis un resultado más satisfactorio de vuestra visita, si accedéis por los temas que os susciten más interés.
No tengáis reparos en comentar o discrepar, porque no pretendo poseer la verdad. De hecho son pocas las verdades o realidades que creo deban consolidarse en nuestra estructura de comprensión del mundo. Así que os animo a debatir, y a que os extendáis sin pereza en el argumento.

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jueves, 16 de enero de 2014

¿Sabemos lo que decimos?

San Agustín, en sus confesiones Libro XII, dice:
...¿qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé, si me lo preguntan, no lo sé...

Prescindiendo del resto del párrafo, y del contexto en el que lo dice, ésta frase me parece muy adecuada para extrapolarla como ejemplo a un fenómeno que se produce comúnmente:
-Que mientras no tenemos que explicar y contrastar lo que creemos que sabemos, permanecemos en un estado de comodidad,o en la zona de confort como dicen los neurocientíficos, que entre otras cosas, nos hace creer que nuestras ideas son sólidas. Pero cuando las sometemos a contraste, comenzamos a entrar en una cierto estado de incomodidad e inseguridad, que generalmente, nos lleva a recurrir a la retirada y a pensar en otros asuntos. Nos salimos de la llamada zona de confort.






Entendemos las cosas, pero cuando tenemos que explicarlas, a menudo nos llenamos de dudas sobre lo que estamos diciendo.







Hay quién reacciona muy a menudo con orgullo cuando le llevan la contraria, pero incluso los más orgullosos, a veces se doblegan ante una aparente verdad más universal que la suya.
A mi juicio, no debemos tratar de poseer la verdad, sino tratar en cuenta de buscarla en común, y ésto incluye tratar de escuchar las opiniones ajenas, sin más intención que la satisfacción de obtener verdad a cambio.
Porque la verdad no se obtiene como un todo. Lo que obtenemos es una cantidad de verdad, que con el tiempo se precisará más, se le añadirá información, e incluso cambiará.

Muchas veces oímos a personas, que mientras se ven apuradas para explicar algo, salen al paso diciendo ¡Yo ya me entiendo!...
Por norma general, lo que no se sabe explicar, difícilmente estará bien postulado en la mente. Lo que suele suceder en estos casos, es que tenemos la impresión de que las cosas tienen sentido. Se dice entonces que es un presentimiento, de que hay algo que tiene sentido, pero en realidad a menudo no lo sabemos explicar y desistimos.
Otras veces, cuando hacemos un esfuerzo, y tratamos de explicar con palabras, algo que creemos que tendría sentido una vez planteado, nos damos cuenta que en realidad no lo hubiera tenido. Y es que los presentimientos a menudo acaban no teniendo sentido. Sentimos que estamos en lo cierto, pero al tratar de articular la afirmación con el pensamiento, pierde todo el sentido.

En realidad, parece que deberíamos dedicarnos exclusivamente a "recolectar verdad" en nuestro propio beneficio. Aprender por aprender, y no para enseñar. Como dijo el dramaturgo Antón Chéjov, "los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar..."

Estoy seguro que muchos de vosotros le encontráis sentido a ésta frase. Como a muchas otras, porque si están más de moda que nunca, es porque tienen demanda. Y para nada estoy en contra de éstas formas de sabiduría popular, porque desde luego, motivan ante la enorme pereza por reflexionar, de la que sufre la sociedad en general.

Lo que ocurre es que cuando tratamos de descifrar las frases y someterlas a juicio, surgen demasiadas dudas...

La especie humana, desde su origen, siempre ha tratado de teorizar la información, o los códigos de sus instintos, a través de las palabras. Del instinto de cazar, por ejemplo, surgieron para comunicarse gestos, y luego palabras. Del mismo modo sucedió con el instinto de recolectar alimentos, de reproducirse, y de dominarse etc.
Desde que el hombre empezó a ser consciente de su entorno, de su instinto, y por tanto de su instinto animal por perpetuar la especie, también comenzó a usar las palabras para transmitir el conocimiento a sus descendientes.
El hombre, antes de usar la palabra, enseñaba del mismo modo que el resto de los animales. Motivado por el instinto, y a través de demostraciones. El instinto por enseñar a sus descendientes todavía lo conservamos, porque los padres, siguen tratando de enseñar a sus hijos.
La necesidad de enseñar, vendría entonces del instinto animal: el mismo instinto de enseñar que puede tener el leopardo, cuando enseña a cazar a sus cachorros. Sólo que la especie humana, al aprender a comunicarse mediante palabras, también aprendió a enseñar a través de ellas.

El acto de aprender y el acto de enseñar, como hemos visto, nos viene de herencia directa del instinto animal. Por tanto, si como dice el señor Chéjov, "los inteligentes sólo se limitan a aprenden", habrán perdido el instinto de enseñar, y si como también dice, "todos los restantes se dedican a enseñar", también habrán perdido el instinto de aprender.

No creo que nadie haya perdido por completo ni el instinto de aprender, ni el de enseñar. Supongo que la intención de la frase, gira en torno a la prudencia aristotélica como virtud, frente a la fanfarronería del que siempre cree que todo lo sabe. En cualquier caso poco precisa sería esta frase en cuanto a que puede suscitar muchas interpretaciones. Por no mencionar lo desfasada que está esta frase -como la mayoría de las citas célebres dicho sea de paso- en el tiempo. Porque hoy en día ya distinguimos, sobre todo desde Howard Gardner -teoría de las inteligencias múltiples-, muchos tipos de inteligencia. Por lo que ya no tiene cabida hablar de "inteligentes" en general, porque no se sabe a qué tipo de inteligencia nos referimos.

Por tanto sigo creyendo y reivindicando, que las frases célebres, en el momento en que tratamos de precisarlas, nos damos cuenta que sólo sirven para orientar los sentimientos, a modo poético, y para entenderse "a medias tintas". Pero como ya he dicho, alabo la función que cumplen, y sólo trato de que nadie trate de construir su esquema del mundo a base de citas célebres.
Además, cada vez que leáis una cita célebre, debéis tener en cuenta, que la mayoría están rescatadas del pasado, y no debemos tratar de entenderlas aisladas de los avances logrados hasta la actualidad.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, ha sido una reflexión muy interesante. Un saludo.

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  2. Me alegro que te haya resultado interesante. Gracias por tu visita Jo Anne,
    Saludos!

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  3. Que bien escribes diego!, yo tambien creo que hay que salir de la zona de confort

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  4. Gracias Ana! Podemos salir de esa zona de confort, o seguir esa frase que está tan de moda: "que para obtener respuestas distintas, hay que hacerse preguntas distintas..." Un abrazo

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