A veces, cuando nos pica la curiosidad por visitar un blog, tenemos la tendencia a leer únicamente las entradas más recientes, como si el resto hubieran perdido el valor con el tiempo.
Probablemente obtendréis un resultado más satisfactorio de vuestra visita, si accedéis por los temas que os susciten más interés.
No tengáis reparos en comentar o discrepar, porque no pretendo poseer la verdad. Ando escaso de orgullo en éste sentido y me satisface simplemente vislumbrarla.

domingo, 4 de mayo de 2014

La impotencia de pensar en el infinito

A la mayoría de las personas les asusta pensar en el infinito, sobre todo cuando se relaciona con el tiempo. Cuando nos aventuramos a pensar que siempre ha existido algo, la sensación suele ser que se nos pone un nudo en el estomago y nos invade cierto temor al pensar que nunca hubo un comienzo.
Desde Einstein, el ser humano entiende que el tiempo, como medida (espacio-tiempo), se creó desde la singularidad con el nacimiento universo, y a medida que éste comenzó a expandirse, lo hizo también el tiempo.


Todos conocéis la teoría del big-bang, a la que hoy en día se le han sumado otras teorías aceptadas por buena parte de la comunidad científica, que tratan de dar una explicación a lo que sucedió antes de la famosa explosión. Algunas con menos aceptación como la "gravedad cuántica de bucles", que como su nombre indica -y con perdón de sus autores por mi vaga presentación-, propone un universo repetitivo. Y la teoría más aceptada, que es la teoría M, que entre otras muchas cosas -y diciéndolo en pocas palabras-, propone que la gran explosión fué fruto de la colisión con otro universo paralelo...
Tenéis mucha información sobre ambas y por eso sólo me remito a la parte que nos concierne: lo que se cree que había antes de nuestro universo.
Si pensamos en lo que hubo antes del nacimiento del universo, según la teoría M, serían otros universos, según la gravedad cuántica de bucles fué lo mismo, según Einstein sería la singularidad, e incluso según la religión, sería Dios...
Pero independientemente de las teorías científicas, o de la religión, el hecho de no haber un punto de partida, y de pensar en que no hubo un momento para el comienzo del todo o de la nada, y aunque queramos pensar que siempre ha existido la singularidad, los universos, o Dios, al pensarlo nos suele recorrer una sensación de impotencia y miedo general del concepto del infinito hacia atrás, o hacia el pasado. Es decir, que lo que quiera que sea, viene del infinito, desde siempre...

Éste es el momento en el que se nos pone un nudo en el estómago. Pero algo distinto nos ocurre cuando pensamos en la eternidad, como veréis a continuación.

Respecto a la duración del universo, en el siglo pasado predominó la idea, desde que Lemaitre o Hubble (según quien lo mire) propusieron que las galaxias se alejaban unas de otras cada vez con más rapidez, de que el universo acabaría congelado al expandirse cada vez con más celeridad, pero las teorías de unificación como las que hemos nombrado, predicen futuros bien distintos para el universo, bien sea atrapado en un bucle, o colapsando con uno paralelo...

La cuestión, para el tema que nos ocupa, es que aun cuando el universo volviera a la singularidad, esa singularidad existiría por siempre, pero que curiosa es nuestra mente, que a muchos no les suele producir tanto miedo e impotencia pensar en que lo que quiera que sea, estará para siempre. Y el motivo es que a muchos les engaña la mente creyendo que vivirán también para siempre. Y algo parecido ocurre cuando vemos en los documentales la edad del sol o de la tierra, y cuando dicen que el sol se apagará o explotará y la tierra morirá con él, a muchos les asusta el hecho de pensarlo -como si para entonces fueran a estar vivos-.
Cuando Georg Cantor propuso su teoría del infinito, muchos de sus colegas matemáticos como Pointcaré o Kronecker, le tacharon poco menos que de "enajenado mental", y es que nuestra manera de comprender el entorno, hasta hace poco más de un siglo, se basaba un mundo estático con principio y fin, y en el que sólo participaban las cosas que podíamos ver. En realidad podríamos estar hablando toda la vida de las cosas que ha aprendido el ser humano en los últimos dos siglos...

Una de las ciencias que más han contribuido a que el ser humano descubriera que la realidad que percibimos no es ni mucho menos una totalidad, es la física cuántica.
Gracias a ella sabemos que lo que nos parece estar "relleno" como nuestros cuerpos, o la tierra que pisamos, en realidad están huecos casi en su totalidad. Sabemos que la luz puede ser onda, pero también partícula. Sabemos que hay partículas que están conectadas hasta el punto que si las separásemos, y modificásemos una aquí, y la otra la enviásemos a la parte más lejana del universo, sufriría la misma modificación. Y sabemos muchas cosas más, que han ayudado a que nuestra comprensión del universo sea bien distinta a la que teníamos hace tan sólo un par de siglos. El problema es que todavía en la actualidad, la mayoría de la población desconoce todos éstos descubrimientos, y una simple duda existencial, como es mirar hacia atrás o hacia delante en el tiempo, se puede convertir en una sensación de impotencia y miedo que nos invita a desistir de la reflexión.

miércoles, 23 de abril de 2014

Dudaba, dudando y dudaré...

Me he encontrado por casualidad "conmigo mismo" en un blog de ciencia...bueno más bien con una consulta que hice hace unos años, cuando comenzó mi afición por la física. Y la verdad es que no tiene desperdicio las cavilaciones que me llegaba a hacer al respecto de las distancias en años luz, los átomos, la superposición cuántica, la edad del universo etc.
Aquí está todo mezclado en una duda que me surgió en ese momento, y que hoy me ha hecho reír de forma sana de mi propia ignorancia.Y también aprovecharé al final para hacer una breve reflexión al respecto, sobre cómo somos capaces las personas de coincidir en las mismas posturas u opiniones usando distintos argumentos. Allá va mi consulta:

"...Hola de nuevo.Disculpadme pero me fué imposible conectarme ayer.Otra vez te pido disculpas Peter, pero estoy ya como poseido con ésta duda...
Yo comprendo que "la energía ni se crea ni se destruye",comprendo que el universo pueda ser en "última" instancia información cuántica.Que,como decía Sagan, somos "polvo de estrellas".Por tanto,también doy por hecho que los átomos que hoy nos conforman,no son propiamente los que vemos en esos lejanos fenómenos.Que lo que hoy nos conforma es más bien una transformación de esos átomos,de unos elementos en otros...y más o menos así hasta llegar a lo que somos.
No soy Iker Jimenez,pero sigo viendo algo de misterio en éste asunto:
Cuando vemos en vida a nuestro padre(frivolicemos como si no conociésemos más realidad que los átomos),que estamos viendo a un ser que un buen día liberó unos cuantos millones de átomos en forma de proteína y espermatozoide,y que se mezclaron "instintivamente" con otra cantidad de átomos...en forma de óvulo...Esos átomos,en principio,fueron liberados para conformar lo que hoy somos.Fueron esos y no otros los que nos conformaron específicamente a nosotros.Y "se supone" que sólo una milésima de segundo después,la combinación hubiera sido distinta y esos átomos hubieran conformado a un hermano nuestro y no a nosotros.
Supongamos que mis padres me envían al nacer -como si de superman desde criptón se tratase- y yo viajo lejos a la velocidad que lo ha hecho la materia desde que existían las "lejanas galaxias" que vemos.
Pasados unos miles de millones de años,supongamos que yo sigo vivo,y que la civilización en la que aterricé tiene telescopios que pueden llegar a ver hasta la galaxia de la que procedo,e incluso a mis padres en el momento de mi nacimiento...pero...¿Cómo sería posible,en esas máquinas del tiempo que son los telescopios,que habiéndome alejado del punto donde fuí conformado atómicamente, llegase a ver momentos anteriores a mi nacimiento?
Incluso podría llegar a verme a mi mismo si es que acertaba con el punto exacto de mi nacimiento, lo cual no tendría cabida según las leyes naturales.
Entonces, si últimamente los astrofísicos nos cuentan que están descubriendo galaxias más antiguas que la nuestra, ¿Cómo pueden estar viendo una galaxia que ha podido ser perfectamente la "madre" de la nuestra?..."



No os creáis que me incomoda mi ignorancia, ni la de nadie cuando la percibo. Al contrario, "me llena de odgullo y satifaciónd" porque me encanta dudar y escuchar como dudan los demás, y siempre apoyo a quienes cuestionan y reflexionan aunque con ello estén desvelando su ignorancia, porque tener la voluntad por aprender nos puede llevar más lejos incluso que quienes "ya están aprendidos".

Al principio del texto decía que iba a mostrar una duda o una impresión sobre los posicionamientos.

A veces ocurre que encontramos a varias personas que se encuentran en la misma postura respecto a un debate social, como puede ser "la ley del aborto", "los nacionalismos", o incluso "la felicidad" o "el amor". Y ocurre a menudo que los argumentos que nos han llevado a posicionarnos "a favor o en contra" o "en un bando u otro" son distintos.

¿Como pueden estas dos personas defender una misma "verdad" con argumentos distintos?

Pues ésto ocurre en todas las causas o movimientos sociales que se os puedan ocurrir, porque lo más natural y lo más común  no es creer en la verdad sino sentirla de un modo instintivo.
Sería como para un cazador disparar al aire y acertar, por lo que la puntería no hubiera sido necesaria. Pues más o menos eso ocurre cuando nos posicionamos sobre un partido político, una nueva ley, cualquier problema social, y en general cualquier hecho, sin analizarlo demasiado, y dejándonos llevar por lo que sentimos al respecto.
Es muy frecuente en nuestro país hoy en día, con quienes se sienten de izquierdas o de derechas, mientras por otro lado su actitud bien podría parecerse más a la forma actuar del bando político del que se sienten contrarios.

Como en el ejemplo del cazador, la puntería siempre deberá ejercitarla, aunque haya acertado esa vez por casualidad, porque un acierto al azar no se producirá casi nunca. Por eso debemos analizar sin dejarnos llevar demasiado por los impulsos antes de posicionarnos a favor o en contra de cualquier hecho.


viernes, 28 de febrero de 2014

Materia, seres humanos y animales.

Os propongo un ejercicio, que muchos de vosotros probablemente ya habréis practicado. Imaginad que sois el creador, el responsable del diseño del universo. Tratad de colocar vuestro pensamiento en una posición desde la que podáis pensar al ser humano como parte del resto de la materia. Sin más sentimiento que el que nos proporciona la satisfacción de alimentar la curiosidad por saber lo que nos hace ser como somos, y como nos comportamos. 
Vamos a imaginar que todo lo que hay en el universo está codificado. Y todo lo que somos fisiológicamente, lo que pensamos, lo que sentimos y la realidad que percibimos, está minuciosamente conectada física y temporalmente.

Todo lo que hay en el universo es energía que se transforma en el tiempo. La materia se construye y se destruye como nosotros mismos. Se crea como se creó todo el universo desde el big bang, desde un puñado de partículas, que contenían la información para desarrollarse formando los elementos de la tabla periódica, y toda la materia que ha ido creciendo hasta convertirse en el enorme universo que conocemos. 
Lo que somos nosotros: átomos de elementos químicos combinados de tal forma que interactuamos continuamente con nuestro entorno. Reaccionamos a los estímulos con los que nos vamos encontrando, y a eso lo llamamos vivencias, las cuales, junto con nuestra genética, son las principales responsables de lo que se espera de cómo vayamos a reaccionar en cada momento. Pero también por muchos otros factores. Tantos, que la ciencia siempre se guarda un porcentaje que nos recuerda que somos impredecibles...o que la ciencia no está muy avanzada todavía...
En principio, somos un "puñado" de materia que se transforma con el tiempo, y lo que hacemos a cada segundo, las personas con las que interactuamos -familia, amigos, compañeros etc.-, incluso con los fenómenos, las cosas y las personas con las que coincidimos casualmente, todo va determinando nuestro futuro. Se va entretejiendo a medida que vamos viviendo. 

Por tanto estamos conectados con nuestro entorno, y estamos conectados con nuestro pasado. No me gusta usar el término "presente", porque cuando terminas de decirlo ya es pasado. Del mismo modo ocurre con el pasado y el futuro, y solemos establecer el nacimiento y la muerte como límites, aunque nuestro pasado y futuro se extienden mucho más, porque nuestra genética ya estaba presente en nuestros padres, y estará en nuestros hijos, además nuestros átomos se desprenden de nosotros durante toda la vida para conformar otras cosas, y así seguirá... Pero para quienes queráis seguir usando los términos pasado y futuro, os "permitiría" decir, a modo orientativo, que nuestro pasado empieza cuando nacemos, y no tiene fin hasta que morimos, porque siempre que queremos darnos cuenta, ya es pasado. Y del mismo modo -sólo orientativo- podréis decir que el futuro termina cuando morimos, pero que no tiene principio. Si pretendemos decir que el futuro es el tiempo que empieza por delante, cuando terminemos de pensarlo ya será pasado.







El presente para mí no tiene cabida en el tiempo.Sólo podríamos decir al respecto del presente -de forma poco bella por cierto-, que estamos continuamente "gerundios", o mejor simplemente viviendo.








Lo que popularmente llamamos "punto de vista" o "perspectiva", no dejaría de ser unas coordenadas desde las que interpretamos la realidad. Y lo que nos situaría en esas coordenadas, serían las premisas desde las que partiésemos, causadas por muchos factores: nuestras vivencias, nuestras costumbres, nuestra educación, nuestro entorno, nuestra cultura, incluso nuestra genética etc.
Pero mientras nos abstraemos para pensar en un tema en concreto, prescindiendo en la medida de lo posible de los factores que nos condicionan, al modo que para los místicos lo haría "Dios", "el arquitecto", o "la madre naturaleza", es más difícil situarnos en coordenadas, que revelen que nuestra postura viene determinada por unas u otras premisas.



Resulta relativamente fácil, sobre todo para los entendidos en psicólogía, situar en unas coordenadas determinadas, a quien a menudo le gusta opinar sobre todo sin pensar demasiado en lo que dice. Somos máquinas de manifestar opiniones "a diestro y siniestro", en casa, en el trabajo, con los amigos etc. Y sobre cualquier tema: gestión y administración de una país -comunidad, ciudad o pueblo-, educación, felicidad, economía, deporte, medios de comunicación, arte etc. Hay quien dice que opinar es una manera de sociabilizarse...ahí lo dejo para quien quiera opinar...

Lo que es cierto es que opinar nos mantiene entretenidos y ocupados -como a mí ahora mismo-.
Como ya he dicho otras veces, las personas solemos movernos en el día a día con el "piloto automático", dejándonos llevar absolutamente por los impulsos, muy a menudo, y unos más que otros claro. Funcionar con el piloto automático es actuar, decidir, hacer operaciones mentales y estrategias, emocionarse, sentir, y todo ésto sin cuestionarse lo que se está haciendo, y lo contrario podría ser reflexionar.

El trabajo y el ocio sobre todo, suelen mantenernos con la mente ocupada funcionando con el modo piloto automático: 
-Cuando estamos trabajando, por norma general estamos concentrados en hacerlo bien -o no...-. Aunque hay trabajos que requieren de la reflexión, pero no es generalizable.
-Cuando vamos a por el pan, estamos concentrados en cogerlo y marchar a comer. En el mejor de los casos bromeamos o debatimos con el panadero, pero siempre en "modo automático". 
-Cuando vamos a por el periódico, por norma general sucede lo mismo que con el pan, con la excepción de que al leerlo después, hay ciertas noticias que nos motivan a reflexionar.
-Cuando hacemos deporte estamos concentrados en disfrutar mientras lo hacemos, por no mencionar a quienes mientras lo hacen están pensando en ganar, en no perder, o en que termine pronto por el cansancio... 
-Cuando salimos con amigos, a menudo estamos concentrados en usar estrategias de sociabilización, para aparentar, para evitar el rechazo etc. Y es muy común en las reuniones entre amigos, que estén presentes las estrategias en casi todas las conversaciones -aunque no nos demos cuenta-. Otras veces estamos simplemente concentrados en pasarlo bien, que es como mejor se pasa -dicho sea de paso-.
-Aún cuando estamos en casa, si convivimos con otras personas, mientras están, siempre tenemos en cuenta su presencia, y nos concentramos en manifestar todo tipo de sensaciones, que además, cuando tenemos una rutina de convivencia con la persona -sean padres, hermanos, pareja, o compañeros- los sentimientos fluyen de manera automática, de forma que cada vez que están presentes esos con los que convivimos, nos predisponemos a sentir lo que habitualmente estamos acostumbrados.Aún cuando vivimos en soledad, es difícil no estar concentrados en la rutina del aseo diario, del desayuno, o del rato que pasamos leyendo una novela, o delante del televisor etc.

A mi entender, cada vez que funcionamos con el piloto automático, nos movemos exclusivamente como se mueven los animales, aunque nuestro comportamiento sea más complejo, y sólo cuando nos cuestionamos las cosas, nos parecemos a aquello que un día nos separó de ellos. Porque tuvo que haber un acto momentáneo que detuvo esa forma de vivir con el instinto, con el piloto automático. Un momento que se usó para algo distinto a lo rutinario: se uso simplemente para cuestionar. Si eso fué lo que nos separó de los animales, habrá de seguir siendo el acto puro que aumente nuestra distancia entre ellos. 




Somos emocionalmente más sofisticados que ellos, hacemos operaciones mentales más complejas, y nuestro lenguaje también es más complejo. Pero cuestionarse las cosas es lo único esencial al ser humano, y parece ser la llave que abre las puertas a distanciarnos cada vez más de ellos, y a acercarnos a no sabemos qué, pero que quien sabe si estará relacionado con esa casualidad que hizo posible el distanciamiento.