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miércoles, 27 de julio de 2016

Rápido repaso por la felicidad...

La felicidad es uno de los temas más amplios que se pueden tratar. Ya no tanto por su complejidad, si no por la cantidad de referencias que podemos encontrar desde -por poner un ejemplo- Platón y Aristoteles, hasta los libros de coaching actuales o psicología de auto-ayuda etc.


Vamos a hacer una rápida introducción etimológica de la palabra, centrándonos en aquellas culturas de las que hemos heredado directamente el concepto de la palabra felicidad, que son la cultura griega y la latina.



En la antigua Grecia, encontramos la palabra eudemonia, para referirse a la felicidad. En Platón, Aristóteles o Epicuro, entre muchos otros, la eudemonia es un concepto que se separa por completo del placer producido por el estado de saciedad corporal, por un gran banquete o una gran orgía. De hecho éste tipo de placeres más bien podían suponer un impedimento para alcanzar los estados de felicidad verdadera.
Si tratamos de relacionar la felicidad con el placer, en nuestros antepasados culturales, debemos referirnos en primer lugar al hedonismo. De la palabra griega hedoné -placer-, y del sufijo -ismo -doctrina-. Y bajo mi punto de vista, inmendiatamente debemos acudir a las dos grandes figuras que dividen originalmente ésta corriente filosófica:

Aristipo de Cirene.


Estudió las obras de los sofistas y luego se trasladó a Atenas. Luego de la muerte de Sócrates, fundó una escuela de Filosofía en su ciudad natal. A diferencia de su maestro, Aristipo cobraba sumas considerables por sus enseñanzas.
Al igual que Platón —pero con mejor suerte— visitó a Dionisio, tirano de Siracusa. Éste lo distinguió brindándole una vida lujosa e importantes retribuciones económicas. Sin embargo, Aristipo no pretendió intervenir allí en cuestiones de estado. Siempre mantuvo distancia de la actividad política, incluso en su ciudad natal. Decía que se consideraba un extranjero hasta en su propia tierra.
De los sofistas heredó una gnoseología escéptica: «Sólo podemos estar seguros de las sensaciones.» Consideraba incognoscibles a las cosas tal como son en sí mismas. Por eso no podía sostener como ideal de vida la racionalidad y la Ciencia. Por el contrario, era partidario de basar la vida en las impresiones, único dato seguro. Si nos atenemos a lo que éstas nos dicen, encontraremos que el bien es el placer y que sólo él puede servir como medida para juzgar los demás valores. El placer es un "movimiento suave", a diferencia del dolor que es un "movimiento áspero". Para conseguir el placer hace falta sabiduría y prudencia. Ellas señalan al hombre lo que le conviene, enseñándole a evitar no sólo el dolor sino también aquellos placeres que son causa de dolor. No hay entonces peor mal que la ignorancia.


Sin embargo, si el placer es individual, ¿por qué los hombres se reúnen y viven en sociedad? A este fenómeno Aristipo lo explica por el placer que le genera al individuo el relacionarse con el prójimo.

Los cirenaicos estudiaban la Moral y descuidaban la Lógica. No se aplicaban a la Física, porque decían que era una ciencia quimérica. El fin de todas las acciones humanas, según su doctrina, debía ser el placer; no ya la privación de dolor, sino el placer positivo, que no se adquiere sin movimiento. Admitían dos clases de movimiento en el alma: uno suave que da placer, y otro violento que da dolor, y como todo el mundo huye del uno, y busca el otro, de aquí proviene que el hombre ha nacido para el placer. No apreciaban la virtud, sino es en cuanto servía para tener placer, comparándola a la Medicina, que sólo debe ser apreciada cuando da la salud. Negaban la existencia de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, lo cual sólo debía entenderse con respecto a las leyes y a las costumbres del país. Decían que el hombre no debía obrar mal, por las malas resultas.


Decía que la gran ventaja de la filosofía era que aunque no hubiese leyes, los filósofos, continuarían viviendo como si las hubiese.
Decía que era bueno moderar las pasiones, mas que no convenía desarraigarlas enteramente, y que no era un crimen gozar de los placeres sino ser esclavo de ellos.
Dionisio le preguntó que por qué iban los filósofos a ver a los reyes, y los reyes no iban a ver a los filósofos. Aristipo respondió: «Porque los reyes no saben lo que les hace falta, y los filósofos sí.»






Epicuro.

La doctrina que enseñaba era que la felicidad del hombre consiste en gozar, no en los placeres que procuran los vicios ni los sentidos, sino en los que procuran el entendimiento y la virtud. A pesar de esta aclaración, la doctrina era demasiado escandalosa para que no fuese fuertemente combatida aun entre los gentiles. Los filósofos estoicos, sobre todo, le hicieron cruda guerra. Epicuro no contestó a los ataques y calumnias que contra su persona corrieron, y sólo las refutó llevando una vida austera, estudiosa y ejemplar, y murió a los 72 años de un mal de la vejiga, dando libertad a todos sus esclavos que por su buena conducta hubiesen merecido esta gracia. «Es preciso convenir, dice un autor erudito, en que en todas partes donde penetró la doctrina de Epicuro hizo mucho mal, fuese a causa de no interpretarse bien, o a causa de estar ya corrompidos los que la admitieron. Acabó de corromper a los romanos, apagando en ellos el valor, el amor patrio, la grandeza de alma; y por ella entraron el vil interés, la sed de oro, el lujo, la molicie, la intemperancia y el libertinaje».



La felicidad de que hablan los filósofos es una felicidad natural, esto es, que se puede adquirir por las fuerzas naturales. Epicuro la cifra no en los placeres sensuales, sino en la tranquilidad del ánimo, y en la salud del cuerpo. En su opinión, poseer estos dos bienes al mismo tiempo era el supremo bien del hombre.
He aquí algunas de sus principales doctrinas:
«La virtud es el medio más eficaz de conseguir una vida feliz, porque no hay cosa más agradable que vivir según las reglas de la sabiduría; gozar de una conciencia tranquila; no tener que echarse en cara ningún crimen; no hacer daño a nadie; hacer bien a cuantos se puede, y no faltar a ninguna obligación. Sólo los hombres de bien pueden ser felices; sólo la virtud puede hacer agradable la vida.
La sobriedad y la continencia son dignas de admiración, porque con ellas se mantiene el espíritu en un estado de paz y de reposo, la salud del cuerpo se conserva, y aun se restablece cuando otras causas la han debilitado. Es necesario acostumbrarse a vivir con poco, porque esto es lo que constituye la verdadera riqueza. Además de que los manjares sencillos son tan agradables al que tiene hambre como los más delicados, conservan la salud, la libertad del espíritu, la facilidad de aplicarse en todo tiempo a la investigación de la verdad, y de arreglar sensatamente nuestras operaciones. El que se acostumbra a una vida frugal, goza más cuando asiste a un banquete que el que tiene un banquete cada día, y el que tiene bastante con poco está más dispuesto a soportar los reveses de la fortuna que el que no puede vivir sin placeres y sin magnificencia.


Los excesos corrompen el alma y desordenan el cuerpo. Todo placer es apetecible en si, pero los males que los rodean nos deben alejar de ellos. Por la misma razón debemos sufrir un mal cuyas consecuencias nos indemnizan del padecimiento que nos ocasiona.



La indolencia física es un placer perpetuo, y los placeres de los sentidos nunca son tan intensos como los que afectan el alma. El cuerpo siente las impresiones del momento; el alma goza o padece de lo que ha gozado o padecido, y de lo que puede gozar o padecer.»
















En la sociedad romana se utilizaba "felix" para referirse a la criatura después de ser amamantada:

La raíz "f" parece ser compartida con la de fecundidad, hijo (fillius), o felación (fellare).
Y el sufijo -ix, es de carácter femenino.

Se utilizaba "felix" para referirse a la fecundidad, en la popular expresión beatus (que le acompaña la suerte...), fortunatus (con riqueza), et felix (con fertilidad o fecundidad), para referirse a una persona que lo tenía todo.


Por tanto en aquella época, el término popular tenía que ver más con la saciedad, y con la placidez.

Respecto a la interpretación de la felicidad desde la filosofía romana podemos introducir que las dos grandes corrientes a seguir fueron los estoicos y los epicúreos. 

Bien es cierto que los romanos tuvieron una concepción de la enseñanza, si cabe el término más "recta y disciplinada", o más "dogmática" en general.


El estoicismo tenía una postura opuesta a la de Platón, quien no le otorgaba importancia a la percepción sensible, mientras que para los estoicos ésta era la fuente de todo el conocimiento. Fueron considerados empiristas cuya aspiración consistía en orientar la vida humana hacia la evolución moral.



Para el estoico, el bien supremo en la vida es la felicidad, y ésta consiste en la tranquilidad del alma: la “ataraxia”. Pero esta tranquilidad no es una actitud de pasividad estéril e insensible, sino, más bien, es un estado en el que el sabio estoico ha superado las circunstancias que vienen del mundo exterior, y controlado las excitaciones provocadas por los sentidos en su relación con ese mundo exterior. El sabio es dueño de sí, imperturbable; no se deja arrebatar por nada. Para ello sólo hay un camino: el poder de la razón, y así como el Universo tiene una inteligencia que pone orden en la naturaleza, también el hombre que quiere alcanzar la sabiduría tiene que conseguir el orden en su vida por medio de su razón, pues ésta es una parte de la Razón Universal. Así se comprende mejor la insistencia de estos filósofos cuando recomendaban vivir de acuerdo con la Naturaleza: “vivere secundum naturam”.







El epicureísmo se dedicó a la ética más que los estoicos y subestimaba a los estudios científicos afirmando que las matemáticas no son útiles porque no se relacionan con la conducta en la vida, utilizando la lógica únicamente como criterio de verdad.
Los romanos, se diferenciaban de los griegos porque eran esencialmente prácticos y no estaban interesados en las especulaciones ni en la metafísica.

Lucrecio es uno de los referentes en Roma del Epicureismo, aunque su papel representativo de la corriente epicúrea, para muchos no fuera más que una distorsión del mensaje de Epicuro.

"El hombre es mortal, y su felicidad depende de aceptar este hecho y perder el miedo a los dioses. Aunque el estoicismo tuvo mayor repercusión en Roma que el epicureísmo, sus contemporáneos conocían bien su obra, que fue rescatada durante el Renacimiento".




En Confuncio, lo que se puede entender como una visión hedonista de la felicidad, se interpreta como algo un tanto negativo, que puede dificultar nuestro camino hasta alcanzar la verdadera felicidad...
Ésta visión confunciana encuentra similitud en Epicuro, Platón o Aristóteles, en el sentido de rechazo del placer vulgar, que es el que se obtiene de la desmesura, de los banquetes copiosos, y del placer corporal.
Debemos tener en cuenta en éste punto, que durante muchos siglos existió la tendencia -y aún hoy en día existe-, de interpretar por separado cuerpo y mente -el dualismo en filosofía-. Y cabe esperar que en las culturas en las que estuviera presente ésta concepción dualista, el cuerpo fuera contemplado como algo más material, y la mente fuera la única capaz de llegar de alcanzar otros estados.










La concepción que se tiene hoy en día, sobre todo desde la psicología, es de plena comunicación entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Como es el ejemplo de la terapia mindfulness, que tantos años lleva entre los estadounidenses, y que aquí en España gana cada día gana más adeptos entre la comunidad neurocientífica.

Hay personas que se consideran felices, a pesar de que su felicidad consista en hacer lo mismo todo el tiempo. Por ejemplo sería el caso de quienes se consideran felices por ir de banquete en banquete, o de fiesta en fiesta...
Y es que realmente no se puede negar su felicidad, al menos desde un punto de vista hedonista, y más bien con esa clase de hedonismo que predicaba ya Aristipo de Cirene en la Grecia clásica. Y teniendo en cuenta que pocos simpatizantes, de entre los grandes pensadores, tenía y ha tenido a lo largo de la historia.
Realmente creo que son felices quienes obtienen felicidad siempre del mismo modo. Al igual que el hamster -con perdón del comparativo-, parece mostrar felicidad haciendo girar la rueda permanentemente.

Aunque me veo obligado, a no ser que alguien me demuestre lo contrario, a calificar ésta felicidad de ignorancia feliz, que como el propio término apunta, consiste en interpretar que sólo hay una manera de ser feliz. Como por ejemplo quien basa su pasión en el deporte, o en las fiestas y banquetes, o en jugar a videojuegos, o en cultivar el huerto, o en pescar o cazar, o en la música, o en la meditación etc.

En sí, dedicar casi todo el tiempo a obtener placer de una sola cosa, no es que vaya a "agotar el flujo de la fuente" , es que no te va a permitir conocer otras fuentes de placer. Y directamente va a limitar la manera de comprender el mundo, la cual a más experiencias vividas, resulta más enriquecedora. Más llena de recursos que aplicar ante los ratos de aburrimiento y los vacíos existenciales.

Os adelanto ya, por si no me habéis leído, y para las siguientes veces si es que no cambia mi perspectiva, que a mi juicio la felicidad es un mito que ha ido creciendo a lo largo de la historia. Y que lo más parecido -desde una visión materialista o más bien fenoménica- que podemos encontrar, son los resultados que se muestran en los experimentos neurológicos, en la actualidad sobre todo los relacionados con la dopamina.